Eustasio Lobato, galardonado con la Insignia de Oro por FESBAL

Todos los días, llueva o amanezca nublo, baja de Torrijos para llegar puntual, a eso de las 9, al Banco de Alimentos de Toledo, donde, a sus 85 años, cuenta, pesa y clasifica hasta más allá de la 1 del mediodía. Siempre con una palabra amable en los labios y una bonhomía muy especial.
Eustasio Ángel Lobato Martín, Tasín, es el voluntario más veterano del Banco de Alimentos de Toledo, toda una institución que ha merecido, a juicio de la Federación española, la Insignia de Oro, galardón que reconoce su dedicación y que le será entregado, el próximo día 20, en un acto solemne en Madrid.
Son catorce años al pie del cañón.
Me gusta venir, me divierto y me ayuda a mantenerme en forma. Y lo de contar y clasificar me viene muy bien para fortalecer la memoria.
Siempre has sido una persona activa, ¿no?
Yo empecé a trabajar con 15 años y desde entonces no he parado. Cuando me jubilé y dejé la joyería, me puse a hacer otras cosas: estudié idiomas, ayudaba en una institución benéfica, colaboraba en entidades deportivas, acolitaba en la misa de las reparadoras y sigo haciéndolo…
¡Llegaste a correr 24 maratones!
Sí, eso con cincuenta años. Estoy especialmente orgulloso de las que corrí en Atenas y Nueva York. Mi mejor tiempo fue 3 horas y 13 minutos en San Sebastián.
¿Es verdad que todos los días, al levantarte, haces 200 abdominales?
Hago 220 y, si puedo, más. Así, ¿ves? ¡Aúpa! (Se estira en el suelo y apoya las piernas en el asiento de la silla y muestra su técnica).
Vale, vale, me ha quedado claro…
¡Lo peor que puede hacer uno es sentarse en el sillón a ver la tele, bolo! El ejercicio te da vida. Y todo el mundo puede, al menos, salir a caminar.
Otra afición que tienes es viajar.
Desde lo de la pandemia, ya no salimos tanto, mi mujer y yo. Ya no vamos ni a Madrid. Pero hemos viajado bastante, sí. Recuerdo, por ejemplo, un Dyane 6 que tuvimos y con el que nos recorrimos media Europa: Londres, Francia, Suiza, Viena, Italia. Ocho mil kilómetros hicimos del tirón.
¿Qué lugar del mundo te ha impresionado más?
Egipto. Por la antigüedad de su cultura y la cantidad de lugares hermosísimos para visitar. También Tierra Santa. Y Nueva York por sus tremendos contrastes. ¡Ah, y Río de Janeiro y Buenos Aires!
¿Por qué empezaste como voluntario en el BAT?
Conocía al entonces presidente, Emilio Muñoz, y a otros voluntarios y me animaron. Y como a mí me gusta colaborar en buenas causas, pues me enganché.
¿Desde el principio lo tuyo ha sido clasificar los alimentos en tu “oficina”, con las balanzas, las estanterías y la música clásica?
Es una tarea que llevo haciendo mucho tiempo, pero antes también cogía la furgoneta y me iba para Ciudad Real a recoger donaciones de empresas o a Fuensalida o adonde fuera necesario.
¿Qué te parece el premio que te han concedido a nivel nacional?
Para mí ha sido una sorpresa. No me lo esperaba, la verdad. Aquí todos me ayudan.
¿Ya? ¿Y nada más?
¡Si es que yo soy muy sentimental! Cuando me lo comunicó Manuel, el presidente, me emocioné. Qué quieres que te diga. Iré con la familia a recogerlo, eso me hace mucha ilusión.
¿Con los siete hijos?
Claro, bolo. Y los catorce nietos. A ver si hay sitio para todos.
Tu mujer, Isabel, habrá tenido mucha paciencia contigo todos estos años de venirte a pasar las mañanas en el BAT…
Sí, ella me apoya. Pero es que ella también colabora con Cáritas.
Define el BAT, ¿qué es para ti?
Pues… Tengo amigos, me permite conocer a mucha gente, a personas que se entregan por los demás, me da la oportunidad de hacer una buena labor. Estar aquí me hace feliz.
Tú nos haces felices a nosotros. Enhorabuena.

